¿CÓMO MEDIR EL ÉXITO DE UNA CASA?

Winston Churchill dijo una vez: "Damos forma a nuestros edificios y después nuestros edificios nos forman a nosotros" (We shape our buildings and afterwards our buildings shape us). Por eso, el lugar donde vivimos, nuestra casa, juega un papel muy importante en el desarrollo de nuestras vidas. Donde pasaremos la mayor parte del tiempo. Donde se tejen y moldean los mejores proyectos familiares, el futuro de los nuestros, donde se aprende a vivir con otros, donde nuestros valores se definen, en donde se busca refugio, protección y seguridad.

El mundo exterior puede ser complejo y caótico, pero nuestra casa –más pequeña– puede ser más lógica, debe brindar seguridad y protección a nuestros seres queridos. Las casas como decía Churchill “nos forman”. Influyen directamente en nuestra salud y bienestar, físico y espiritual. En nuestro modo de relacionarnos con los demás. Por eso, ¿cómo hacer de nuestra casa un hogar? ¿Cómo medir su éxito?

Como decía mi profesor de Psicología Antropológica en la Universidad de Navarra Javier Aranguren: en la casa se abandona en la puerta la máscara y cada cual es uno mismo en su espacio apropiado, donde todo le hace referencia. Por esto, el enfoque de su diseño y concepción debe ser también antropológico. Sus espacios deben corresponder con el proyecto familiar de quienes lo habitan. Esto cada vez más estudios lo confirman. (Ver: Home Renaissance Foundation, renewing the culture of the home).

Hogar es un concepto difícil de definir, pero lo que sí es claro es que su diseño implica ver su edificación de un modo más amplio que la simple solución de un techo y una cama. Las relaciones que son el fundamento de la sociedad encuentran su cuna en la casa como escuela para sus habitantes de las mejores lecciones para la vida. El trabajo en equipo y la solidaridad, se aprenden en casa, no sólo son tarea del colegio.

Las relaciones familiares se benefician de la arquitectura. La casa debe fomentar la unidad de quienes la habitan. Debe “formar” su estilo de vida, y así sus habitantes se identifican luego con él. No puede ser que nos canse y disguste, que nos aburramos en nuestra casa. Ahora que cada vez más por el ritmo de vida se comparte menos en familia, y parece que la vida de las personas toda sea “al exterior”.

En Europa la vivienda ya sea por oferta de sus promotores o por estilo, ha llevado a que en un 15% se hayan dejado de vender comedores. Este espacio de reunión familiar, muy tradicional en Estados Unidos el día de acción de gracias, ha caído en desuso en muchas casas y familias. La tendencia parece vincular en ese camino a la sala, que ya solo parece conservarse para recibir visitas, y no para la tertulia familiar.

Lo que definitivamente convierte una casa en hogar es la atención y el cuidado de otras personas dentro de su espacio vital. Las familias con espacios donde sus miembros aprendan a cooperar, y adquieran hábitos de servicio y compartir, son verdaderas células de la sociedad, que brindan un alto capital social al país. Esto redunda en resultados de mejor preparación para la vida de sus miembros. De mejor salud afectiva, emocional y bienestar social.

Las casas son el lugar por excelencia de la convivencia, donde las personas viven, trabajan, comen, duermen y se divierten. Y a esto se suma ahora la tendencia que cada vez será más fuerte del trabajo en casa. Con lo cual la casa pasará a ser el “centro de operaciones” para la familia. Motivo por el que conviene tomar una buena decisión al invertir en ella.

El “teletrabajo” es una opción muy conveniente para producir y gozar de más bienestar, compartiendo más tiempo con la familia. Y también para las empresas es conveniente económicamente. Representa menos gasto de espacio de oficina para empleados, menos pérdida de tiempo en trancones, menos tentación de “reunionitis” improductivas; por  trabajo que se puede hacer con la misma facilidad desde la casa.

Ante esta nueva realidad hay que prever en nuestra película familiar -cada familia es única- cómo responder con más amplitud y mejor distribución de los espacios para albergar a todos los miembros de la unidad familiar. Frente al gasto en desplazamientos y la infrautilización que cada vez más van a tener las oficinas, la nueva tendencia en el diseño de las casas exige más espacio para convivir y una mejor distribución de espacios, que permita ahorrar.

Los nuevos estilos de casas deben convertirse en hogares que polivalentemente pueden funcionar como oficinas. Deben permitir la convivencia intensa de los entornos de familia y trabajo. Es necesario responder a esta nueva realidad con la mayor comodidad para cada miembro de la familia.

¿Se puede medir entonces el éxito de una casa? Pienso que de medirse debe hacerse por su aporte a la vida familiar, con estándares de calidad y fácil mantenimiento futuro. Pero también debe medirse por la riqueza de su diseño, donde la casa refleje la importancia de la interacción del individuo con el espacio y naturaleza.

La casa, es el medio ambiente para nuestro desarrollo humano en todas sus facetas. Un espacio donde su materialidad nos permita y transmita como por osmosis la búsqueda de la excelencia para todos los que lo habitemos. Que nos anime a luchar por ser mejores. Donde podamos recuperar y alimentar energías para crecer y enfrentar la vida.

La sola arquitectura imprime valores, sensibilidades, estética, horizontes de contemplación, paz y tranquilidad espiritual. Nos acostumbramos a todo, nos adaptamos a las soluciones de vivienda consumista en serie, a las soluciones de cajón. Pero una verdadera Casa-Hogar debería también cultivar nuestro espíritu y llenar nuestras necesidades de ambos hemisferios, el artístico y el racional.

La espacialidad de la casa, textura y materialidad física nos debe estimular y enriquecer el aprecio por el arte, el color y la geometría. Esto puede ser igual o más edificante que llenar todas sus paredes de obras de arte. Aplicándose la expresión “es más el continente que lo contenido”.

En síntesis, no hay que subestimar el significado de la casa para la familia y sus habitantes al tomar decisiones. Las personas al pensar en sus casas deben esforzarse en la creación de hogares que sean dignos de su proyecto familiar. Al final, es en el hogar en el que las personas crecen, siembran raíces, se desarrollan y llevan la sociedad hacia adelante.

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Arq. Vladimir Luna Z.
blog@decasas.co

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